175 aniversario claretianos

Comentario al evangelio 08.12.2013

04/12/2013 Más

Dios está muy cerca. Es lo que te quiero comunicar hoy. Pueden parecer palabras de siempre, pero

es la realidad más grande del mundo. Lo repito: Dios está muy cerca.

No sé si me entiendes; no sé si esto se puede explicar. Sé que es difícil comprenderlo. Pero Dios está muy cerca.

En esto consiste la predicación de Juan Bautista: anunciar que Dios está cerca. Por cierto, Mateo nos describe la forma de

vestir y de comer Juan. Vestido austero. Comida austera, frugal. Vida de silencio en el desierto. Y ya está. Juan Bautista

toca lo esencial, dice la verdad, anuncia la novedad. Hay cosas muy sencillas al alcance de la mano: ser capaces de vivir

en austeridad en medio de un mundo de consumo; ser capaces de no dejarse revestir de cosas, de no cosificarnos. La

verdad tiene sus exigencias e impone un modo de vivir también externo.

A veces nos quedamos mirando hacia dentro y contemplamos nuestros sueños más íntimos: ¡Cómo desearía…! ¡Sería

feliz si…! Enseguida añadimos: pero no puedo salir… no puedo cortar…, no puedo dejar mi realidad. Portamos dentro un

paraíso, un ideal que, de entrada, damos por descartado. ¿Razón? No podemos mover ni cambiar la realidad que nos

envuelve. Juan Bautista apunta una pista: no manda cambiar la sociedad; proclama que hay un paso previo: la conversión

personal.

Me sorprende mucho que hoy hombres y mujeres que se llaman creyentes en el Dios de Jesús no sienten la necesidad de

conversión. Creen que ya son “buenas personas”. ¿De qué me voy a convertir yo si no hago esto ni lo otro ni…? Creernos

buenos nos está impidiendo ser nuevos, descubrir la necesidad de conversión. Creernos buenos es la postura de los

fariseos y saduceos a los que Juan dispara los dardos más feroces de su predicación hasta llamarles “raza de víboras”.

No es que no seas bueno; lo malo es que no seas mejor, que te contentes con la meta alcanzada. No es que no seas

bueno, es que no escuchas a Dios que te pide nueva conversión. No es que no seas bueno, es que no dejas que el

Espíritu te lleve donde Él quiere.

(Juan Jaúregui www.juanjauregui.es)

 

 

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