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Comentario al evangelio 17.11.2013

13/11/2013 Más

 

 

Lo digo de verdad y con la mano en el corazón: este evangelio siempre me ha producido miedo,

verdadero miedo en el cuerpo y en el alma. Además parece que la misma iglesia insistía mucho en

este fin del mundo; no sé si para meternos miedo o para que fuésemos buenos, No sé si a vosotros

os pasará lo mismo. Si es así, quiero comunicaros hoy lo que después de tanto tiempo he

descubierto, y me ha devuelto la tranquilidad.

De tal forma que ahora estoy deseando que llegue este final del mundo: Sí, lo digo también deverdad. Me explico, para que nadie se escandalice.

Una falsa interpretación de este evangelio del fin del mundo ha sido y es la causa de que nos parezca

un evangelio terrible y que produce miedo.

Hoy día se ha investigado en la Biblia y se ve con claridad que cada vez que se habla en ella del

mundo, no se refiere al mundo que Dios ha creado, la tierra que habitamos, sino al mal, al pecado.

Siempre que se nos habla de que hay que huir del mundo, abandonar el mundo, los poderes del

mundo… se está refiriéndola pecado y al mal.

Por eso, en vez de producirnos miedo, tiene que ser todo lo contrario. Debiera producirnos alegría.

Ojalá llegase y cuanto antes el fin de ese mundo del que Jesús nos habla. Ojalá desapareciese y

cuanto antes el mal y el pecado de esta tierra. Ojalá llegue y cuanto antes el amor, la solidaridad y la

paz entre los hombres y mujeres.

Y esto es tarea de todos. Todos y cada uno tenemos que colaborar, poniendo nuestro esfuerzo y

nuestra lucha para que reine la solidaridad entre nosotros y podamos vivir en una tierra nueva y feliz.

Tiene que desaparecer el mundo del mal y entre todos construir un mundo nuevo, como aquel primer

Paraíso terrenal que nos narra la Biblia en sus comienzos; cuando Dios y el hombre vivían en

perfecta armonía.

Dios ha creado una tierra hermosa y bella y nos ha dejado el encargo de perfeccionarla y completarla

con nuestro trabajo, pero, sobre todo, con nuestro amor y nuestra convivencia en solidaridad.

Entre todos debemos hacer que vaya desapareciendo el mal: las injusticias, el odio y la venganza, el

abuso del poder y de la fuerza. Debemos colaborar para desterrar el egoísmo, la envidia, las guerras

y violencias.

Solo cuando llegue el final de este mundo roto y destrozado que hemos ido haciendo entre todos,

podremos gozar del nuevo mundo basado en el amor y la paz.

(Juan Jaúregui www.juanjauregui.es)

 

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