Plan para volver. Cuarta Semana de Cuaresma

15/03/2021 Más

PLAN PARA CUARESMA VOLVER
Meditaciones sobre el Hijo Pródigo | Lucas 15, 11-32

ME SITÚO

Escojo un lugar tranquilo para vivir este tiempo con Él. Respiro profundamente y me abandono a su querer. Tomo mi biblia y busco en el evangelio de san Lucas el capítulo 15, a partir del versículo 11. Allí leo con atención la parábola del Hijo Pródigo. Y, cada semana, iremos desgranando el tesoro que tiene escondido. Dejo a Dios que me hable a través de su Palabra, que me invita a volver a casa.

VOLVER SIENDO ESPERADOS

El texto de la parábola nos hace mirar en este momento a la figura del padre. Coloquemos en él no solo nuestra mirada, sino nuestro corazón, y descubriremos que este padre es la verdadera representación de la misericordia. Él, que tiene dos hijos, percibe que debe tratarlos de forma
diferente, mirando a cada uno de forma única.
El hijo menos se dice así mismo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: (…) trátame como a uno de tus jornaleros” (Lc 15, 17-19). Y no se da cuenta de que eso es ya imposible, pues cuando lo ve a lo lejos, el padre toma la iniciativa de correr a su encuentro. Y considera que más decisivo que el hijo se haya ido, es que ahora haya vuelto; más importante que la ruptura es el regreso. El hijo todavía está lejos y el padre sale a su encuentro. “Su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos” (Lc 15, 20).

VOLVER SIN JUICIOS

A los ojos del padre, aquel hijo era simplemente su hijo. Y, lleno de compasión, fue capaz de abrazarlo repetidamente, de reintroducirlo en la intimidad familiar de la casa. Y de una manera que el propio hijo jamás esperaría. Podemos rebatir: “Este padre se ha excedido. Su amor es un
amor excesivo. Él no debía tratar al hijo así. Debería aplicarle un castigo o al menos ponerlo a prueba, hacerlo pensar. Y decirle: “Ahora sufre y piensa en lo que has hecho”.
El exceso del Padre, este exceso de misericordia tiene, sin embargo, un sentido. Dentro de nosotros entran en conflicto muchos modelos y formas de reaccionar. La misericordia es el arte necesario para salvar la vida, la misericordia es un camino que todos necesitamos aprender. Y no hay misericordia sin exceso.
La misericordia es compasión, es bondad, es perdón, es ponerse en el lugar del otro, es llevar al otro a hombros, es reconciliación profunda. Es todo eso. Pero esto se realiza al estilo del padre de la parábola de Jesús.

VOLVER SIENDO AMADOS

No hay misericordia sin don, sin donación. Aquel hijo pródigo traía tantas heridas, manifiestas y escondidas, y necesitaba ser sanado con el bálsamo de la misericordia. La misericordia no es dar al otro lo que el otro merece. La misericordia es ofrecer al otro precisamente lo que el otro no merece. Pero dar por encima, dar más allá, ir más lejos.
Reintroducir en la fiesta al hijo, reconfirmarlo con los símbolos de la alegría: el anillo en el dedo, las sandalias en los pies, la túnica más bella, el banquete del ternero cebado. Es este exceso de amor el que refleja la misericordia. Nos colocamos fácilmente en la posición de quien juzga a los demás: «Ah, hiciste esto, mereciste esto, mereciste aquello». Sin embargo,
el padre misericordioso no se deja atrapar por el juicio. Él ve que el hijo regresa como quien viene de una guerra, todo hecho pedazos, maltratado y herido. Pero si no hay un exceso de amor que ayude a curar las heridas, que dé otro horizonte, no hay solución.
El Evangelio de la Misericordia nos pide un exceso de amor: que seamos capaces de abrazar la vida herida, y que percibamos todo sin necesidad de decir mucho.
El padre percibe que ese hijo ha gastado todo de la manera más equivocada; el padre lo sabe todo. Y sin embargo, abraza todo y todo lo cubre con su amor. La experiencia de misericordia es una de las cosas más exigentes y fascinantes de la vida. Pero al final, aquel hijo que estaba perdido es un ser transformado, modificado por el amor.
¿Siento que en mi vida pesan más los juicios que el amor? ¿Me siento con cargas pesadas por los juicios que hago de otros? ¿Podría intentar dar más de mí para que sea transformado por el amor?

ME DESPIDO

Agradezco a Dios este espacio de intimidad. Agradezco las luces que he podido percibir de su presencia y me comprometo, con Él, a alguna acción (grande o pequeña) que me haga mejor en esta cuaresma que comienza.

Puedo terminar rezando un Padrenuestro o un Avemaría, poniendo este tiempo (para volver a casa) en sus manos y confiando en su fuerza. Amén.

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Category: Actividades, Cuaresma 2021

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